En todas las religiones y los libros sagrados, aparecen estos seres de luz que fungen no sólo como mensajeros sino como guías y guardianes que nos acompañan desde nuestro nacimiento en la Tierra hasta entregarnos al Creador al final de nuestra vida terrenal. Los ángeles son embajadores de Dios que se hacen sentir cuando estamos en silencio y paz. La intuición podría llamarse “orientación celestial”. Las ideas que brotan “de la nada” son sugerencias angelicales para que aprovechemos esa inspiración. Al saber de su existencia, nuestra vida se enriquece, pues contamos con los perfectos amigos que hablan a las conciencias directamente con verdad y suavidad a la vez. Hay muchos hechos inexplicables que se aclaran cuando entendemos que los ángeles intervienen en nuestras vidas para aconsejarnos con gran sabiduría, llenándonos de optimismo y alegría. Especialmente en estos tiempos de pugnas y confusión, ellos se han hecho presentes. Los ángeles son alegres porque en ellos no existe el conflicto; sus risas y sus voces son una melodía con vibraciones de luz. Los ángeles nos aguardan, y esperan nuestro despertar para aliarse y ayudarnos a nuestro crecimiento en el gozo; ellos alejan nuestros temores. Observémonos y veremos cómo podemos sentir su presencia. Ellos nos conducen al amor.